domingo, 2 de diciembre de 2012

02 diciembre 2012 (2) El Mundo (opinion)

2 diciembre 2012


José María Delclaux Echevarria (Gesto por la Paz)
“Las víctimas no deben hacer política”
El delegado de Pastoral Social de la Diócesis de Bizkaia cree que 'se hacen un flaco favor' y no ayudan a la convivencia
'Los sentimientos de odio y venganza no ayudan a las víctimas a sanar sus heridas, sino todo lo contrario', afirma



El delegado de Pastoral Social de la Diócesis de Bizkaia, José María Delclaux Echevarria, ha afirmado que los afectados por el terrorismo "no deben hacer política con sus victimismo", al considerar que "se hacen un flaco favor" y no ayudan a la convivencia.

Delclaux considera que "los sentimientos de odio y venganza no ayudan a las víctimas a sanar sus heridas, sino todo lo contrario", por lo que les anima a adoptar actitudes que favorezcan el entendimiento.

"Las víctimas no pueden, no deben hacer política con su victimismo. Además, se hacen un flaco favor. Hace muchos años, hubo un señor, llamado Jesús de Nazaret, que deslegitimó la ley del ojo por ojo y diente por diente, que no resuelve los problemas de la conflictividad humana. sino que los cronifica", afirma el delegado de Pastoral Social.

Delclaux hace esta reflexión en una entrevista publicada en el último número de la revista "Bake Hitzak. Palabras de Paz", editada por el colectivo Gesto por la Paz.

Para el miembro de la curia diocesana de Bizkaia, "Los sentimientos de odio y de venganza podrán satisfacer afectivamente a quien ha sido objeto de un grave daño, pero la convivencia queda afectada gravemente".

"No ayudan a las víctimas a sanar sus heridas, sino todo lo contrario", añade.

Delclaux dice entender la dificultad de las víctimas en "superar" estos sentimientos de rechazo y opina que "solamente quien posee una gran calidad humana" lo consigue, "no sin dolor".
Con el fin de dejar atrás esos sentimientos, ofrece la "cercanía" y el apoyo moral de la Iglesia para que "se sientan arropadas".

"Que de alguna forma encuentren en nosotros una cierta compensación a lo mucho que han perdido. Depende mucho de nosotros que sean capaces de superar esas actitudes", les anima el sacerdote.

Sobre los presos etarras, opina que una vez acabado el terrorismo, "no tiene sentido la aplicación de leyes excepcionales, que se promulgaron para defender a la sociedad de ese fenómeno", en alusión a la dispersión o la doctrina "Parot".

"Entiendo también que dentro de ese colectivo (de presos) muchos son una especie de 'rehenes' de ETA. Por eso puedo entender -aunque no comparta- que el Gobierno se resista a derogar dichas leyes excepcionales hasta que ETA no entregue las armas", infiere.

Delclaux no comparte que sigan vigentes las leyes excepcionales por dos motivos: en primer lugar, porque "una sociedad que tiene la fuerza de la razón y que ha vencido a la violencia es una sociedad generosa".

Por otro lado, ve "razonable no multiplicar el sufrimiento de tantas familias" de presos.

"Entiendo también que el Gobierno se resista a ello por la presión que puedan ejercer colectivos de víctimas. Pero, tarde o temprano, si ETA, como queremos y esperamos, acaba entregando las armas, no va tener más remedio, si quiere tener autoridad moral, que tomar ese tipo de medidas de restauración de la legalidad común".

El miembro de la curia vizcaína ha exhortado a que "miembros destacados de ETA o de la izquierda abertzale empiecen a reconocer su error y responsabilidad", lo que, a su juicio, sería "positivo y un pasito adelante".

Respecto a que la banda terrorista siga sin disolverse, Delclaux reflexiona: "Todos tenemos en alguna medida la responsabilidad de la permanencia de ETA, con nuestro silencio, con nuestra pasividad o dejando de tomar medidas políticas que dejasen de justificar su presencia"

"Pero no hay duda que hay grados en dicha responsabilidad y la de la izquierda abertzale tal vez sea máxima", puntualiza.

Opinión:

Pues el delegado de Pastoral Social de la Diócesis de Bizkaia ya tiene dos trabajos: el primero contactar con esas víctimas que hacen política e incluso con aquellas asociaciones creadas bajo la advocación de algún santo.
Y segundo, darse cuenta de que no son LAS víctimas sino ciertas vícrtimas (y subvíctimas) las que hacen política.
 








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