lunes, 10 de marzo de 2014

10 marzo 2014 (09.03.14) (5) El Periodico de Catalunya

10 marzo 2014 (09.03.14)




Recuerdos del 11-M
Enric Hernàndez
Director





Desde el punto de vista informativo, el 11-M del 2004 amaneció en Madrid temprano y acabó tarde, muy tarde. La jornada empezó antes de las ocho de la mañana, con las explosiones de Atocha, y no concluyó hasta el 15 de marzo, cuando el presidente electo, José Luis Rodríguez Zapatero, ratificó la promesa de retirar las tropas españolas de Irak. Aquel día que en realidad duró cuatro cambió la historia de España y las relaciones entre ciudadanía y política, además de desmontar la infundada percepción de seguridad que los españoles tenían ante la amenaza yihadista.
Del 11-M recuerdo bien las llamadas de fuentes oficiosas que no daban crédito a la autoría etarra pregonada por el Gobierno. Recuerdo también las charlas con fuentes gubernamentales de absoluta confianza que no respaldaban, ni siquiera en privado, la versión oficial. Recuerdo la indisimulada ira de José María Aznar cuando se le preguntó por la pista islamista. Y los mensajes inequívocos del presidente del Gobierno a los directores de los medios, incluido el de EL PERIÓDICO, Antonio Franco: «Ha sido ETA, no tengas la menor duda». Aún me duele recordar que cambiamos el enfoque de la edición de urgencia del diario confiando, en mala hora, en la palabra de Aznar. Y recuerdo, al cabo, cómo el ministro Ángel Acebes empezó a plegar velas con aquel invento de «las dos líneas de investigación».
No olvido que, tras la derrota electoral del PP, con los autores materiales de la matanza islamista ya detenidos o inmolados, Aznar seguía en sus trece: «Han mentido, mienten y saben que están mintiendo». Y tampoco borro de mi memoria que, con la ayuda de sus comparsas en el partido y en los medios afines, ha tratado de sostener la patraña. Difícil olvidarlo; aún siguen en ello.

El inicio de la indignación

Recuerdo cómo algunos vejaron a Pilar Manjón y a las otras víctimas de aquellos atentados que querían saber la verdad. Hubo víctimas de primera y de segunda. Y me pregunto si no fue aquel 11-M, al grito de «¿quién y por qué?», cuando empezó a fraguarse la indignación con la política que cristalizó en el 15-M y que hoy amenaza con derrumbar la fortaleza bipartidista.














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